lunes, noviembre 10, 2008
Hacia atrás
Reviso mis correos. Me tiendo en la cama. Me levanto y escribo nuevamente. Pero dejo la página en blanco. Enciendo la radio. En la cocina, me sirvo un vaso de jugo. Saludo al perro. Estas cosas no tienen interés para nadie, me repito sin sentido. Cierro la puerta, abro la puerta. No llega nadie. Afuera los niños gritan y el pasaje se estira, el vecino del pasaje trasero recoje alguna prenda colgada. Escribo media página y la borro. No hay escritura.
Duermo.
Tú dices: Hola (es tarde ya)... mañana escribo, mejor.
Duermo y casi despierto. Escribes de nuevo.
El domingo la conversación comenzó a las cuatro de la tarde.
Revelación del secreto de pintar las uñas.
Sacaremos fotos al paseo de lo sueños.
Y nos contamos toda la vida hasta las 3:36
Feliz Saturno.
[Tres días después, los pasos en la arena]
domingo, octubre 28, 2007
La Princesa y El Alquimista
"La fiesta secreta"
Continuan las aventuras de la princesa y el alquimista. La fiesta en el reino fue una historia interesante y colorida, pero no es una verdadera fiesta sin "after hour", y así lo pensaron los habitantes de pantuflilandia. Para su comodidad, hemos dispuesto un índice - a la izquierda - con cada capítulo de esta increíble seguidilla de historias y si va más abajo, sí, después de Tragón Deminutos, el nuevo integrante del blog, ponga PLAY. LEX Y MELU. Difruten la función.
Caminaban a paso lento por el sendero; las luciérnagas adornaban los árboles, y los iluminaban ténuemente, no sólo ellas hacían su trabajo ornamental: hadas de diversas colonias del bosque y diferentes colores acarreaban luces en mal estado y, paseándose de aquí a allá, llevaban su canto y fulgor a todos los demás.
La princesa paseaba su mirada asombrada por cada detalle con una mezcla de satisfacción y vacío: ella, princesa de tan hermoso lugar y sin darse cuenta todavía.
Las risas iban y venían con el viento azucarado de la noche, los niños correteaban sin parar, bestias salvajes amansadas jugaban con los grupos de reunidos en cada esquina, las calles - sólo aptas para el paseo a pie - se iluminan en diferentes órdenes y secuencias y, al parecer, en armonía con la música de turno. En los árboles, la luz de hadas y luciérnagas, dibujaba figuras de todas las criaturas vivientes del reino. Las plazas, enormes y habitadas por numerosas personan, poseían todas instrumentistas y cantantes que daban rítmica vida a la noche. La hospitalidad reinante era simplemente asombrosa.
Pantufilistera y Al-Kimiazan continuaron su camino hasta llegar a un lugar más despoblado y alejado de los gritos: los lindes del bosque. Entraron, allá lejos se dejaban ver luces de nuevo, y a medida que se acercaban volvían a escucharse risas y música. En medio del bosque surgía una enorme carpa blanca, así la luz no escapaba demasiado del lugar y adquiría un tono verdoso.
El lugar estaba lleno de almohadas rellenas de hojas secas y todos los invitados vestían coloridos piyamas, algunos dormían con una amplia sonrisa y otros bailaban un lento vals junto a un escenario; a la entrada, enormes roperos guardaban ropas cómodas para los recién llegados. Amables anfitriones llevaron a los recién llegados a cambiarse de vestidos a dos habitáculos dispuestos para ello. Al salir, la princesa se acercó lentamente al escenario, donde una mujer tocaba el arpa con deliciosa calma; el alquimista, en cambio se miró y sintió la ridícula vestimenta sobre sí, y más aún cuando la princesa dio la vuelta y debió contener la risa.
La princesa volvió a arreglarse las ropas y ahí, mientras las demás chicas se adornaban mutuamente con algodones los cabellos, hablaban de una misteriosa señora de las nueces.
- Dicen que sus nueces son mágicas - dijo una.
- ¿Sí? ¿qué es lo que hacen? - preguntó otra.
- Están hechizadas para que, al momento de compartirlas con el muchacho que te gusta, si es el indicado... - a metros del lugar un coro de niñas comenzó a entonar una canción que evitó a la princesa oír el efecto de aquél misterioso fruto.
Pantufilistera, la princesa encubierta, descubrió también unas cómodas y bellas pantuflas para usar al salir. Se sentía extraña con el atuendo, pero se animaba aún más a compartir con los demás, estaba tan distinta que nadie se daría cuenta de que ella era la princesa. Salió y buscó con la mirada a su amigo, el alquimista, quien la sorprendió con una mano sobre el hombro. - Se ve muy distinta, preciosa, si me lo permite, lo suficiente para soñar - le dijo.
- Para mí no es problema dar mi verdadero nombre, pues nadie en el reino hace caso de la fama de un alquimista viajero, pero en vuestro caso será necesario un nombre diferente - le mencionó él a ella un segundo después.
Algo turbada por el cumplido, la princesa asintió - Tiene usted mucha razón. Dígame, si usted tuviese que darme un nuevo nombre... ¿cuál sería?
- Yo le llamaría Saisai, nadie dudaría de su legiítima explicación, pues desde uno de los lugares de donde vengo, aquello significa: "la felicidad en la mirada".
- Pues llamadme así, entonces, Saisai... - sonrió la princesa al ver como todos, en sus trajes, se acercaban al escenario en medio del bosque, bajo la mágica iluminación.
La noche se hizo agradable entre tan gratas compañías y la princ... ejem... Saisai soñó, como todos los que se entregaron a aquel juego de luces, música y ensueño, que todo era como debía ser.
Etiquetas: La Princesa y El Alquimista
jueves, septiembre 20, 2007
Aniversario Fondeados
Este es el primer aniversario de Fodeados (bueno, que exactamente se cumplía hace 4 días atrás) y hemos visto como, aunque escasas, las publicaciones siguen manteniendo el mismo cariño de siempre.
Espero que este año sea aún más fructífero, y para eso...publicaré un cadáver exquisito, el segundo (creo) que hicimos con Lex...y sin ver lo que el otro escribía, la coincidencia terminó (como siempre) sorprendiéndonos.
Un gran abrazo a todos nuestros queridísimos lectores.
1.- En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme; hace algunos años, no importa exactamente cuántos, con poco o ningún dinero en los bolsillos, salí a caminar por el horizonte.
2. Y como todos saben, las cosas dependen siempe de la constante con la cual se mire, es decir, siguiendo los patrones habituales de discernimiento es como se vuelven irresolubles algunos paradigmas. Por cuanto a nuestro personaje, siempre le pareció que el universo era demasiado amplio para él.
3.-El camino era largo y recto, largo y ovalado, largo y tan largo que quizás nunca dejaría de recorrerlo. Pasaba por los mismos lugares ¿pero serían los mismos? no, algo había cambiado y así como el río no es el mismo río ni las hojas de los árboles son las mismas que las de mis libros...deduje que mis pasos pisaban lo eterno.
4. Las calles bajo sus pies mostraban un cuadro impaciente, por decirlo de alguno forma. Las erradicaciones que tuvo que hacer en su vida parecían una farsa. Las consecuencias de correr en aquella nebulosa se hacían visibles. Era esa su paradoja, el ruido de la nitidez frente al silencio de la niebla (¿o sería a la inversa?)
5.-Pensé en darle un final a todo esto, ingenuamente como querer detener el tiempo en las manecillas de un reloj. Supe de inmediato que esa idea que intenté explicarme fácilmente como un juego que inventé cuando niño para justificarla, no lo era. Antes era más conciente de la eternidad de lo que ahora.
6. La teoría que elaboró aquella tarde de abril hacía sentido a todo aquello que había leído ocasionalmente en los viejos manuscritos, más bien poéticos, del viejo Alacourt. Probabilidades, enunciar los nombre sin prohibición, olvidarse, desarraigarse de la idea propia, del ego.
7.-Seguíste aventurándote en mi pesadilla de saberme ineterno aeterno antieterno, te comiste mis pestañas al intentar tocar el violoncelo, que dices? que dices?. No me insultes con ese movimiento de hojas, no soy más alta pero puedo subir por tus venas.
8. Como alfombras, guardarropas, útiles de escuela. Todo por el suelo.
9.-Masticarte las sienes cuando piensas es el masaje más doloroso que puedes darle a tus ideas, de ahí salen los versos, los versos amarillos de ira y de paz, porque son tres letras opuestas que en un sueño suelen confundirse detrás de la tierra que cubre los cerros.
10. Las frases se construyen como un tejido de piel. La carne del verbo es su escencia perdida entre aquellos laberínticos pasajes de cemento.
11.-Para escuchar como se cierra la puerta es necesario que esté abierta, para escuchar como se abre es necesario que quieras oírla. Es un cerro al cerrarla y un abrazo al abrirla.
12. - ¡Ya! - dijo, y su voz se perdió entre la multitud. Abrazamos los mismos conceptos, pero a veces las situaciones perdían su propia consistencia, como si se tratase de libros polvorientos en alguna biblioteca perdida.
13.-Tráeme un puñado de sal para saciar mi encierro, quiero salir, quiero sal, quiero, ir, quise, fui, querré, iré.
14. Subió la escalinata con cuidado, le dijo que no se preocupara, que cuando sacara los limones harían limonada, que cuando escucharan aquello sería música y al salir al patio habrían pájaros y mariposas en rededor.
15.-Saltas al olvido como una paloma al río, qué paloma? qué río?, qué?, saltó?...nah!
16. El momento se precipitaba, la ciudad en llamas, la lluvia y las goteras, un paraguas envuelto en su propia condición al verse destrozado, bajo el zaguán del supermercado. Las gotas caían con suavidad, como si quisieran decirnos algo.
17.-Un guión se perdió, no encontró nada mejor que hundirse dentro de una i y ponerse un sombrero para pasar inadvertido.y todo el resto de los guiones que no fueron guiados quisieron pasar inadvetidos y resultó este párrafo.
18. Pero sin que hubiera resonancia en las casualidades, quiero decir que en todo momento siempre como un te ví el otro día y no me di cuenta, o "déjame enseñarte estos senderos", o "de niño yo corría por aquella ladera" y tantos recuerdos como atados de los árboles.
19.-No me importa no ser par, pues si soy tu impar, estoy a tu lado.
20. Quizás la elocuencia insolente de los astros. Nada podría decirse sin existir aquella incetidumbre de por medio. Tomó el libro entre sus manos, y, según se dice (ya que en esta parte la historia se vuelve algo confusa por la falta de datos, toda construída en base a supociones técnicas) lo acarició con la mirada y pensó en el verde mar.
21.-Y para mi cumpleaños quiero soplar una vela que esté en la cima de la torre Eiffel, y cuando la sople, que mi deseo se haga realidad, porque en realidad, cuando la sople estaré en la cima de la torre Eiffel soplando una vela para mi cumpleaños.
sábado, julio 07, 2007
Quizás sobre este carro las palabras
las caricias
los emblemas
las ideas
único silencio de apolinea contradicción, la sonrisa es una marcha sincera cuando atas los abrazos a los cuentos, la lluvia a la coincidencia,
se enredan en el
sentimiento de
decir que tanto
martes, julio 03, 2007
Cuento ajedrecístico
Señores lectores, os invitamos a ser partícipes y a comentar.
(by Lex&Melu)
Mi contendor perdió dos piezas mientras le prestaba atención a ella, Conmann - a mi lado - dio un respingón y miró de soslayo. Ella, en una delicada maniobra se sentó y apoyó sus manos sobre el tablero, el sordo golpeteo de un reloj cronométrico fue acompañado de un simultáneo girar de cabezas que miraron en su dirección, las mesas restantes se fueron llenando poco a poco, los mismos de siempre. Ella, sin impacientarse, esperó, volteando una a una las hojas de un libro, que si bien parecía interesarle, no supe porqué -no quería ser indiscreto- sólo me atrevía a mirar disimuladamente. Jaque. Jaque mate.
-¡¿Qué te pasa, hombre?!- las palabras de Conmann se inmiscuían violentamente en mi pensamiento. ¿Qué qué me pasa? Un error común, desconcentración, probablemente debido a la inusual visitante. Tenía que verla de cerca, sería yo el que le ofreciera la primera partida. ¿Y si esperaba a alguien? Noté que cerró su libro un segundo antes que yo me levantara, ¿me estaba observando?, ¿ya se iba? -Buenas tardes, ¿esperas a alguien?-. Ella movió la primera pieza sonriendo. e2-e4. Dejé el abrigo sobre la silla y acepté la invitación con una jugada simétrica. ¿Qué habría estado leyendo?, ¿vendría seguido o era primera vez que notaba su presencia?
No dejé que avanzara demasiado para poder desarrollar la partida cerrada que había ideado al ver sus manos. Siempre serían para mí las manos el verdadero rastro emocional de nuestras vidas, las de ella decían tanto al moverse en el aire, y no quitaba nunca la vista del tablero y sin embargo parecía pensar en tantas otras cosas.
A veces sus manos arrastran las piezas al desplazarse entre las mías, a veces se elevan buscando el lugar que les corresponde en la armónica musicalidad de la partida, como si quisiera darme a entender que todo tiene un lugar dado. Mi jugada se pierde en su baile. Su mano diestra rasguña el borde de las hojas del libro, fuente de un constante y agradable sonido que junto al reloj marcan un compás que ella no pierde en ningún momento. Su jugada se transforma en un baile siniestro que intenta llegar a mi lado sin perder pieza alguna, sin perder las posibilidades, las verdades entre silencios. Reduce mi defensa y sin embargo me tiende la mano, sus ojos profundamente fijos y la vez inquietos procuran llevar el ritmo. Mi estrategia se difumina en el eco de mis preguntas: ¿seguir tras la barrera o bailar con ella? ¿qué juego estás jugando? La experiencia me exige adelantar el caballo hasta su reina, pero no logro comprender el esquema, el inusitado mensaje al evidenciar su figura. Entonces oigo el rasguñar sobre el borde de las hojas, el golpe contra el reloj, su mirada entrando directa en la mía. Soy testigo de mi rubor. Bajo la vista y sigo el dictado de mi pulcra educación lúdica, pero. La resistencia sólo induce a aciertos pasajeros que no logran conducir a nada y a errores que hacen que vuelva a ceder terreno. Su sonrisa, está feliz de jugar. Gano un peón, pierdo otro y dejo el área desprotegida, vulnerable. Quizás incluso yo mismo sea vulnerable a su voz que, aún distante, no ha cruzado el espacio entre nosotros. Creo que sus labios son rojos y cada que vez que extiendo mi mano al arrastrar una pieza los presiona suavemente; pestañea dos veces seguidas antes de mover.
Mi corazón se agita al verla tan próxima, su reina queda a un espacio de mi rey. El rasguñar de hojas se detiene cuando comienzan a caer suaves las gotas sobre la ciudad, ella no lleva abrigo y yo preparo el mío, se levanta, sonríe sus disculpas. Intento decir algo pero sólo consigo abrir el paraguas e invitarla a caminar bajo la lluvia. Caminamos calle arriba. Quedamos en tablas.
domingo, marzo 25, 2007
La Princesa y El Alquimista
"Fiesta en el reino", Parte II.
Pantufilistera, la princesa, contenía las preguntas que brotaban de sus ojos, evidentes, cada vez que miraba los de él.
- Un poco de contacto humano no está mal, ¿no? - añadió.
Ella sonrío triste (se sintió aludida, pues no compartía mucho con la gente de su pueblo)
- Beba de esto, señorita - dijo, acercándole una jarra de madera.
Ella aceptó y miró dentro, el brebaje humeaba; lo miró a él; olió el tibio y aromático líquido y bebió. Segundos después, sentía que algo quemaba en su garganta, una carcajada salió de sus labios. ¡¿Qué es esto?! - le preguntó al alquimista, curiosa.
- Algo necesario para bailar - respondió.
- ¿Bailar? pero yo he tomado cursos y, pero... esto... nunca me lo enseñaron.
- En este baile es el hombre quien lleva a la dama. Vamos princesa, un poco de diversión no le hará mal.
Ella se inclinó delicadamente y, aceptando, acercó su mano izquierda a la de él.
[Manos tibias. La tibieza del alma. Aquellas cosas que ambos guardaban en sus corazones]
La acercó hacia sí, y al tomarla de la cintura comenzaron a bailar al rápido compás de la música, yendo de un lado a otro del salón. Al principio se asustó con el paso, ella, pero luego sonrió, cerró los ojos y se dejó llevar.
- ¿Sabes? nunca me enseñaron a bailar esto.
Casi cayeron en dos ocasiones, ruborizada le dijo: Parece que a tí tampoco.
- Oh, créame que esto lo aprendí hace tan sólo dos noches - dijo - y es primera vez que lo bailo.
- Disculpe señor AL-Kimiazán, no era mi intención ofenderlo.
- No se preocupe.
Al acabar la pieza de baile, los comensales aplaudieron alegremente; y en una arremetida de seguridad y confianza la princesa tomó al alquimista, presta a un nuevo baile, no sin dejar escapar una carcajada.
- Quiere continuar, ¿usted?
- sí, por supuesto... ¿usted no?
- Claro que sí.
Mientras bailaban advertian los detalles del salón y se miraban complicitivamente al descubrir las obvias diferencia. A un lado se ubicaba una barra, y en la esquina contraria a ellos, un grupo de quince instrumentistas tocaban y cantaban bellas melodías. Las luces eran pequeñas y de colores, y algunos hombres y mujeres vestían de una forma especial: con sus mejores piyamas. Aunque esta particular manera de vestir no era el motivo de la ocasión pues, más bien, se debía a una de tantas festividades locales que había ido a parar hasta el dragón dorado.
- Amigo - dijo el alquimista, al cruzarse en medio de la pista con otra pareja - ¿qué sucede en la "fiesta nocturna de los sueños en el bosque"*?
La princesa se miró los pies mientras intentaba recordar la mención de aquella fiesta, pero no sabía nada de ella.
- No sabía que tuvieses novia, quisimos venir a verlo personalmente.
Ahora bien; es necesario hacer notar en este punto que, siendo quien era el alquimista, es decir, un hombre de ciencia, sus paseos nocturnos acababan en tabernas y conversaciones con los más emblemáticos soñadores del reino, quienes decidieron (junto a él) organizar la "fiesta nocturna de los sueños en el bosque" para la fecha.
- ¿Novia? - dijo la princesa al oído, luego de mirarle con una sonrisa.
- ¡Oh, mis sensibles y extravagantes amigos! Parece asombrarles que viva solo sin otra compañía que mis instrumentos, pese a que no sepan qué es lo que hago realmente y donde vivo. En fin, podemos ir a los sueños del bosque ¿quieres ir?
- ¿No será demasiado tarde?
- ¿No quiere, usted, ver el montaje?
El bosque era uno de los límites de la ciudad. Aquella fiesta se celebraba en los lindes del bosque, aún territorio civil. Hermosas criaturas habitaban el lugar, especies voladoras, terrestres y algunas de mágica naturaleza eran vistas con frecuencia en el sector forestal.
- Bueno, esperemos que esté todo bien con Dédalus... Me encantaría ver lo que has hecho, Alquimista.
Así, salieron del dragón dorado y cruzaron la ciudad, mesas atiboradas de comida y numerosos gupos de personas celebrando con franca felicidad. Ella enlazó su brazo al de él y apoyó su la cabeza en el hombro.
- Creo que estoy un poco cansada, o no sé... esa pócima para bailar es algo extraña.
- Es un brebaje realmente interesante, yo mismo he estado largas noches identificando sus componentes. Realmente es capaz de hacerte bailar, los más torpes se convierten en profesionales bailarines con ella.
Caminaban a paso lento por el sendero; las luciérnagas adornaban los árboles e iluminaban ténuemente el sendero, y no sólo ellas hacían su trabajo ornamental: hadas de diversas colonias del bosque y diferentes colores acarreaban luces en mal estado y, paseándose de aquí a allá, llevaban su canto y fulgor a todos los demás.
Etiquetas: La Princesa y El Alquimista
martes, enero 02, 2007
La Princesa y El Alquimista
"Fiesta en el reino", parte I.
El periodo de los festivales había comenzado en el reino y, a veces, el alquimista asomaba la mitad de su cuerpo por la ventana y observaba como todos se divertían. Por fin, una noche, decidió dar un paseo. Llamó a la princesa a través del vasito.
Juntos idearon un plan interesante, ambos saldrían encubiertos a disfrutar las celebraciones; él mismo se vestiría como un elegante caballero, mientras ella asumiría frugalidad en el vestir. Dédalus, el gato alado de la princesa, sería el encargado de vigilar que nadie se diera cuenta de la ausencia de ésta en la torre oeste.
Dédalus era un gato precioso, inteligente, astuto y muy cariñoso, pero también podía ser muy distraído si de ratones se trataba. Por suerte, la llegada del alquimista al palacio trajo también aquellas hierbas aromáticas que alejaron a la mayoría de los ratones, sin embargo aún algunos vivían en las profundas y viejas mazmorras (ya no utilizadas).
Más tarde, la princesa se estaba irreconocible, nadie que no la conociese a menos de un metro de distancia sabría quien es, pero mantenía aquella sonrisa que, casi sin querer, se le dibujaba en la cara al ver al Alquimista.
El alquimista, a pesar de sus constantes esfuerzos por mostrar una imagen algo desmejorada de sí mismo, esta vez realmente parecía un hombre de palacio, y no aquel despreocupado señor de inventos e historias.
Caminaron un buen trecho bajo la guía de las estrellas multicolores que los niños lanzaban en el cielo, jugando en torno a la pareja que iba del brazo. En ese momento la princesa pensaba
- ¡Qué lindo! - se dijo para sus adentros, la princesa, refieriéndose al alquimista. Miró un momento al señor Al-Kimiazan Denophinus y se sonrojó. Él la miró también, y sonrió. Ella bajó la cabeza y preguntó timidamente qué es lo que él quería visitar.
- Estos chicos no lo saben, pero estos modernos fuegos de artificio son algunas de mis invenciones, están especialmente diseñados para que puedan jugar sin hacerse daño.
- ¡Qué gran trabajo hace usted, señor Al-Kimiazán!
- Podemos entrar al dragón dorado - dijo él, señalando una enorme estructura de metal dorado que semejante a la forma de un dragón.
- mh... bueno - dijo ella, algo desganada -, recuérdeme que quiero enseñarle algo después.
El dragón dorado era realmente enorme, su cabeza, que era también la entrada, medía más de veinte metros, y a ambos lados de la cara, sus fosas nasales elevaban espirales vaporosos. La gente esta muy animada dentro, bailaban y reían. Había gritos de niños jolgoriosos afuera. El interior era un versión imaginada-popular de palacio (es necesario explicar que la entrada a palacio sólo estaba reservada a la corte y a algunas visitas excepcionales; no algo que molestase a los ciudadanos).
La primera impresión del alquimista estuvo acompañado de una carcajada, a la que respondieron algunos ojos animosos y risueños que ofrecieron bebidas a los nuevos; nerviosa, la princesa aceptaba.
- ¿Quién es usted, señorita? - preguntó un hombre que bailaba a unos metros - no la recuerdo del pueblo.
- Vengo de visita, por los carnavales.
- Yo sí la conozco, su cara se me hace muy familiar - dijo una mujer.
- Oh - dijo el alquimista, tomando del brazo a la princesa y distrayendo a la mujer que creía haberla reconocido-, ella viene conmigo.
Luego, al oído de ella dijo: "tampoco es falso que vienes conmigo, yo te invité, después de todo". El color de su cara adquirió un rojo encendido. Y, por extraño que parezca, luego de estas palabras, nadie más se interesó por saber quien era ella. Al oído, nuevamente: "no saben que trabajo para su merced en el palacio, y sin embargo conocen mi nombre".
-Señor Al-Kimiazán, al parecer, usted es una persona muy conocida, dudo que su fama se deba tan sólo a la visita que ha hecho al palacio.
Antes de seguir curoseando y preguntando, recordó la princesa la primera visita del alquimista al palacio y aquello que sus consejeros le dijeron en privado, en su mente aún daban vueltas sus palabras: "no es bueno ni cordial que haga muchas preguntas, Pantufilistera". Dejó las preguntas a un lado y dedició comenzar a divertirse en el lugar.
Etiquetas: La Princesa y El Alquimista
viernes, diciembre 22, 2006
Detenciones
Nos detuvimos a mirar la fachada del aquel edificio.
Nos detuvimos para observar la caída de una estrella distante.
Hicimos escala en Brasil y Tarapacá.
Me detuve a comtemplar, te acercaste a orillas de mi océano de posibilidades.
En cada mirar hubo anécdotas que contar, silencios que no mancillar, o algo que aprender.
---
Estaciones, cada una de ellas fue detención obligada, pasaje de cambio. Intercambio. Ideas conglomeradas. Sonrisas a un lado de la calle. Contemplaciones dobles. Conversaciones interminables.
Cuarto movimiento: Una detención particular. Bosquejo del sentido de nuestros pasos. Se hizo eterna la conciencia de saber a donde vamos, sin saber ni donde estamos.
---
Mientras construíamos cuentos de pasos sobre el asfalto mojado, otros cuentos nos construirían a nosotros, como pasos en la arena.
sábado, diciembre 09, 2006
DECLARACIÓN PÚBLICA
Es nuestro deber informarles que la situación de este sitio volverá a ser la misma que en sus mejores tiempos porque sus autores (nosotros) están D e V a c a c i o n e s ^-^ (wiii!); esperamos que retomen la Saturniana lectura Bloggera (ahora en Blogger-beta), que sólo será retrasada o suspendida cuando ellos viajen tras más ideas.
Saludaciones espaciales a todos quienes, pacientemente, esperaron (aunque no se dieran cuenta xD).
La espera...
sábado, noviembre 04, 2006
La noche del envés
¿Por qué había tomado esa determinación? ¿Por qué tomó la escala entre sus manos? ¿Por qué subió?
La noche se hizo eterna en la dificultad de comprenderla como una noche, mejor hubiera sido vivirla como una tarde al amanecer, una intervención sonante. Un sendero de palabras de hormigón. Estudio del paisaje. Ella se dedicó a observar las nubes, mientras los pasos de baile intentaban distanciarla de su imaginación. La imaginación intentaba ser libre en su expresionía límbica.
---
Miro el agua ir por la orilla de la vereda que se une a la luz de los faroles adormecidos sujetados en un pie a la tierra intentando elevarse a la categoría de estrella nocturna que gracias a el azar de las consecuencias de nuestros actos la lluvia cae por nosotros o será que el piso se acerca hacia la gota que espera fija entre ¿entre qué? entre tu ojo que me mira humedecido tras la sombra del paraguas que pones convencionalmente sobre tus pies como un paso sobre el charco de mis ideas más oscuras que corren tras el punto que fijo sobre la corriente de el agua por la calle que va y se aleja para acercarse mientras avanzamos.
---
Alcohol en la sangre. La noche, traspasando aquellos umbrales no pertinentes, se deshizo en el sudor bajando por el envés, alterando el significado mismo. Las bocas blandas de algodón comentan anécdotas que olvidarán para siempre, los dedos dibujan cuadros en el aire, las sonrisas dicen hola sin precisión semántica. Caer, dormir. Levantarse, oir, oler, palpar el ambiente.
---
Aquellos recuerdos incluían el saberse dormida en su pecho, algún tiempo atrás, en saberse atrapada en el deseo de un beso. Las calles eran interminables en su correr entumecido. La caricia del sol en la frente en aquella esquina, la bicicleta en esa otra, un niño juega a la pelota donde ahora se instala una poza de agua de lluvia, un perro persigue a un gato y el gato sube a un techo.
---
Desde tu puerta me miras. Has sonreído al verme. Mi padre me lleva de la mano, pero ahora tú eres aquel que me lleva, y entre líneas sabes que, en el fondo, estoy pensando en aquella tarde de infancia.
---
- ¿Qué es esto que siento y que se precipita como agua a través de un embudo?
---
- En el fondo, siempre quise caminar a tu lado - dijo, de un momento a otro. - Jaja. Fondo... SIEMPRE... - comentó con fuerza -, la barbarie de los conceptos, y el hacernos creer en lo inteligible.
- Lo inefable - agregó ella.
---
Un tecito - dijo él con voz suave, extendiéndole la taza.
---
Sonrío. Porque, a mi manera, sólo sonrío. Nada mejor que mojarse bajo la lluvia y llegar al cálido hogar, entre toallas blancas en el pelo, el té, y la conversación cotidiana.
---
Lo bebí en sorbitos pequeñitos mientras me restregaba los ojos con cansancio. Afuera llovía. Era de noche. Después de dos días debía volver. - Te acompaño - me dijo.
---
Caminaron con un paraguas, caminando a través de calles inconclusas. El agua corría a un lado del cordón de la vereda; las hojas de otoño nadaban en aquel mar en miniatura, danzaban formando círculos, espirales, hablando en un lenguaje nuevo - [Ajeno | onejA]
sábado, octubre 21, 2006
Hoy
Hoy es el NO-cumpleaños de Lex
Hoy es el NO-cumpleaños de Melu
.
.
.
HOY ESTÁ DE SÍ-CUMPLEAÑOS "EL MUNDO"
Cumpleaños feliz, te deseamos a tiii, cumpleaños mundito... ¡qué los cumplas feliiz!
Now...
Come on everybody... Happy birthday to youuuuu, happy bithrday to youuuuu, happy birthday... lovely wooooorld, happy birthday to you!
"Cuentan las teoría actuales acerca de la Creación que, si el Universo fue creado y no sólo apareció allí, que es lo que ocurrió extraoficialmente, nació hace entre diez mil y veinte mil millones de año. Estas fechas están equivocadas. Los eruditos judíos de la Edad Media establecieron la fecha de la creación en el año 3760 a. C. Los teólogos griegos estimaron que se remontaba al 5508 a.C. Sugerencia que también está equivocada.
El Arzobispo James Usher (18580-1656) publicó Annales Veteris et Novi Testamenti en 1654; en dicho documento se sugiere que el Cielo y la Tierra fueron creados en el 4004 a.C. Uno de sus consejeros profundizó en los cálculos y logró anunciar triunfalmente que la Tierra fue creada el Domingo 21 de octubre del año 4004 a.C., a las 9 en punto de la mañana, porque a Dios le gustaba ponerse a trabajar bien pronto, aprovechando que estaba más despejado.
También se equivocó. Por algo menos de un cuarto de hora. Todo el asunto de los Esqueletos de dinosaurios fosilizados fue un chiste que los paleontólogos no acaban de coger. Lo que demuestra dos cosas: La primera, que Dios se rige por patrones extremadamente misteriosos, por no decir tortuosos. Dios no juega a los dados con el universo; juega a un juego inefable de invención Propia, que se podría comparar, desde la perspectiva de cualquiera de los jugadores*, a verse envuelto en una versión oscura y compleja de póquer en una sala a media luz, con cartas en blanco, apuestas infinitas y un tipo que reparte sin explicar las reglas y que 'no para de sonreir'.
La segunda, que la Tierra es Libra."
[Título Original: Good Omens,
by Terry Pratchett
& Neil Gaiman]
Comentario de Javier Redal
Lex&Melu
sábado, octubre 14, 2006
ACUARIO
Nos despedimos a la salida-entrada del metro, y como suele suceder al despedirme de alguien, y quedo en soledad, comenzé a pensar, a dejar fluir el pensamiento que es como esto que son las palabras, pero que es un poco más que palabras porque así van y vienen las cosas. Como que nos despedimos, y que bajaste y no volví la vista atrás, entonces mientras bajabas me viste de espaldas, alejado de ese mundo de lluvia; para mí fue pensar en eso, y que de inmediato es como darme cuerda, como accionar una palanca. Frente a mí se ubicó el brillo verde fosforecente de un número de micro: 307. Crucé agitando el paraguas cual si fuese un bastón. Alcancé a subir mientras pensaba en sacar las monedas de la chaqueta, no botar a Coliflor, el portadocumentos en el bolsillo izquierdo, los cuadernos, los apuntes. Este frío que cala los pies, la incomoda posición al ascender, ver como uno y otro pagan y sacar cuentas sin mucho entusiasmo, el pensar detenidamente en dar la vuelta y volver, en un rapto inusitado e improbable, aún para mí; micro que parte y el futuro queda sellado. Entrego 150 pesos. Chofer que mira preocupado, preocupante, que preocupa... busco el pase en el portadocumentos y con dificultad de movimientos: el paraguas sobre el brazo, la mochila aplastada que moja, la gente a la derecha y a la izquierda, las monedas en la mano derecha, sacar el pase con la izquierda, la proeza innecesaria. Respuesta única: "siempre te demorai, deberiai tener el pase el mano, poh..." y su enojo inercial, un enojo que ni él ni yo entendemos, pero que en el fondo yo entiendo: está confundido, actúa por inercia, como el resto de quienes compartimos aquellos pocos metros cuadrados, entonces le sonrío como a cualquiera (fusión maliciosa y angelical). Le otorgo una sonrisa gratuita para que mejore su semblante, aunque en el fondo (y siempre son los fondos, como si en ellos hubiese más luz, irónica imagen) sé que eso lo confundirá más aún, quizá (inclusive) imagine que es una burla. Inercia. Santiago. Altos decibeles, caras largas. Por eso sonrío. Un yo que sonríe por toda una micro que llora. Un equilibrio justo.
Desde antes ya me he fijado en el suelo de la (el) micro, entre la lluvia que entraba justo por entre los zapatos de algunos, un pase escolar. Un pase escolar que no era el mío. Desde que subí, y no había más de 20 segundos entre aquello y el ahora que infatigable se prolongaba como una brecha de tiempo (que traspone los verdaderos mometos pretéritos en un presente imperfecto).
Un pase escolar en el suelo. Me detuve - para disgusto del chofer -. Recogí el pase. Lo sostuve en mi mano derecha (el índice contra el pulgar, a decir verdad (con los tres dedos restantes introduje el boleto y los 30 pesos en el bolsillo trasero). Entonces: optar por lo sencillo. Aquella cara femenina en el pase. Una cara adulta. Amalia o Amanda. Algún centro de formación técnica.
Levanté el pase en la mano, a vista y paciencia de aquellos compatriotas de micro (en el que yo era algo así como un exiliado, o un cartero al que se le ve de vez en cuando), cuidadoso de mostrar su cara y nombre, algunos osaron mirar de cerca y comparar su cara a la mía, llevandose una, no menor, sopresa. Disculpe, ¿es suyo este pase?. Uy, sí, es mío, gracias. ¿Cómo se me habrá caído?. No, no se preocupe. Y otra sonrisa. Entonces él: no, ahí no, ¿no ves que se te va a caer de nuevo? Y yo que no pude hacer otra cosa sino quitar de mi vista a la pareja, pero al mismo tiempo a dos pasos. Un breve intercambio de palabras en que parecemos cercanos, pero luego nadie conoce a nadie. Sonrío. Tontamente, sonrío. Día boni, como siempre... y la contenticidad. Pero, ¡¿de qué hablan?! y esa manera de hablar que tiene ella. Es terrible, tan grave, casi se come todo el abecedario antes de decir algo. ¿Dónde vivirá? SUPONER. ELUCUBRAR. Entonces, aquello que llega solo, sin forma de palabras, pero evidentes a mi interpretación. CINISMO. Tiene cierto dejo de pensamiento perverso, en el que me regocijo de alguna forma (porque a ellos no los hago parte de mi diálogo interno o queseyó). Seguramente estaré frente a ellos, cercano (una máscara), sonriente-infantil, e imagino sus pensamientos sencillos, poco esquemáticos, horriblemente predecibles. Quizás para ellos pensar es otra cosa, algo más cercano a la palabra y la expresión. Miro el suelo y pretendo no escuchar su voz. Las miradas que entre ellos hay son una especie de juego que no alcanzan a entender más que sus cuerpos.
Agua en el microbus. De pronto, agua oscura invade este terreno, formando charquitos de agua. Pequeños ríos que sigo con la mirada. Una curva y un río que converge a mi mirada sobre el empeine del pie derecho hasta donde llega. Las gentes con sus paraguas en la mano. Cerrados, como bastones, como verdaderas máquinas de apoyarse. Pilar artificioso, una manera de no caer. Tenemos miedo de caer.. El agua continua entrando. Los ríos descienden a los mares por allá, donde los más ancianos duermen siestas desfazadas. Levanto un pie para no mojarme. Un mar enorme amenaza los pies de aquellos, mis compatriotas. Crecen aproximadamente cinco centímetros en cada esquina, al quedar de puntillas. El agua hasta las rodillas de aquellos que habitan en las hondonadas, yo sobre un poste alcanzo la meseta ¿de qué sirven los paraguas en situaciones como estas?
La respuesta se hace tangible. Como no imaginarlo. Llueve, dentro de la micro llueve. Los kilómetros de asfalto bajo una micro que se moja por dentro y por fuera. Los hombres dan brincos con apostura romana, las mujeres han conquistado los pasamanos, el resto gime y llora. Abren sus paraguas de manera caótica, un fierro le da a una dama en el ojo, otro rompe el vidrio, un techo de género negro sobre las cabezas, la vertiginosa aceleración del bus, el agua hasta la cintura, uno que otro hombre-mono usando de manera práctica aquellos colgantes. Aquellos. (Música incluída).
Nos despedimos a la salida-entrada del metro, y como suele suceder cuando me despido de alguien, empiezo a sentir aquella soledad que acompaña tan bien los recuerdos inmediatos. Miré y sólo vi tu espalda, y ya que no volviste a mirar hacia atrás pensé en que ya habría tiempo para recordarte que se acercaba el día de cosechas en nuestro blog.
Me tomé del pasamanos, bajé mirando los escalones mojados que reflejaban la luz de los letreros y los faroles de la calle. Por el pasillo, aquella estela de aire tibio, que dejan las cuncunas viajeras, me saludó acariciando rostro y cabello mojado . Luego de eso, el camino negro, el húmedo ambiente subterráneo, la gente con abrigos y sus paraguas cerrados a modo de bastón, que dejaban caer las gotas Plaf!...Plaf!, -mi grandísimo Cronopio- pienso, suspiro y sonrío, mientras sus rostros rígidos continúan el camino señalizado por la rutina. En ese momento comencé a oír un extraño sonido que venía desde el oeste. "Guuuaaaach, guuuaachh!", por el túnel una ola acechaba la línea con furia, "guachhh, splaash!" para quedar liberada en la estación como una laguna. La gente comenzó a gritar y a pedir explicaciones con las miradas de donde se escapaban las lágrimas para fundirse en aquél acuático paisaje. Los niños reían divertidos.
Me paré dando la espalda a la boletería, mirando el túnel que guiaba más y más olas. Pensé en tí, en coliflor (y lo que detesta bañarse); sentí los pies mojados, inundados, el agua ya había dejado inservibles los carros, las luces se apagaron, había gente llamándose, los teléfonos atestados de gente que no lograba comunicarse por sus móviles. Esperé, miré la hora, y eran las 7:42 del Viernes 13 de Octubre. Con la luz verde de mi teléfono vi flotar bufandas, boletos y el rostro aterrado de la gente que se dirigía a la salida, un guardia se me acercó, diciendo con enojo -¿Qué esperas para salir?- Le respondí con una sonrisa. Tomé mi paraguas, até en el mango aquella cinta celeste que ocupaba para cerrarlo (ya que estaba algo malo) y lo abrí para dejar que flotara, me senté en la mesa de la boletería para ver como se alejaba de mi. Sentía frío, ya estaba sola en ese lugar y el agua había alcanzado mi rostro, dejé la mochila a un lado y me lancé en busca de las escaleras para salir a la superficie. Nadé por el pasillo pero la corriente me llevaba hacia atrás, intenté salir a respirar pero ya era demasiado tarde, todo estaba inundado y ya no podía llegar más allá. A falta de aire, el corazón me latía más lento, mi cuerpo frío y cansado comenzó a danzar suavemente...como las cosas inertes.
vuelan con alas
hechas de escamas,
a través de
cardúmenes de espejos,
en los confines
de un mundo
anti-remoto y extraimaginario
sábado, octubre 07, 2006
La Princesa y El Alquimista
"La visita"
Nuevamente, un cuento by Lex & Melu. Algo extenso, pero de igual manera divertiginoso.
En Pantuflilandia, las visitas son siempre muy bien recibidas. Por esos días primaverales, en que sus habitantes cosechan flores y manzanas usando pantuflas más ligeras, llegó un alquimista al castillo en el que habitaba una princesa.
Esa tarde se oyen trompetas que anuncian la visita. - ¡El Señor Alquimista! - ruge una poderosa voz. La gente de Pantuflilandia se reune en torno a la entrada del castillo, esperando ver a este enigmático extranjero. Un hombre de cortos y enmarañados cabellos, escoltado por los hombres del castillo, llega hasta el pórtico. La misma princesa sale al encuentro de este hombre que, al parecer, viste varios abrigos. Su aspecto, entre perdido y confiado, rey y mendigo, deja con interrogantes a aquellos que esperaban otra especie de mago, alquimista.
La princesa lo saluda con aquellas cortesías que se aprenden en lugares como este. Él respondió cordialmente como aprenden estos hombres en sus viajes. Entran y se dirigen a un amplio salón.
- Muy buenas tardes señor Alquimista; me presento, soy Pantufilistera la princesa con pantuflas - dice ella, regalándole una sonrisa.
- Muy buenas - responde con una reverencia -. Por costumbre me llaman Al-Kimiazan Denophinus von Hoffmann.
-¿Y de dónde proviene usted, señor... - se demora un instante para recordar el nombre - ... Von Hoffmann? - luego le mira amistosamente - o puedo decirle de otra forma si me lo permite...
- Oh, puede decirme como lo estime conveniente su estado de ánimo.
- Está bien, señor Frutilla-con-crema. Entonces, ¿Qué cosa nueva trae a Pantuflilandia?
- Siempre que llego a un nuevo lugar me hacen, exactamente, la misma pregunta - observa.
- Nunca es la misma señor, Estrella-brillante.
- Probablemente. De todos modos, respondo igualmente: respondo que nada nuevo traigo, sólo les hago descubrir aquello que ya existe en ellos y que no son capaces de ver con sus propios ojos. - toma un respiro para continuar - No, nunca es la misma pregunta, pero la gente siempre está a la espera de algo externo que llegue a salvar su existencia.
- ¿Usted cree que yo estoy esperando algo del exterior? Pues bien, le aclaro: aquí tengo todo lo que necesito, Señor Palta-verde.
- Muy bien - dice von Hoffmann sonriendo; luego de un momento añade - pero... ¿por qué cree usted, erróneamente, que la he comparado con "la gente"?
- Me pone feliz que haga esa aclaración, señor Helado-de-chocolate. Y disculpe si lo incomodo, pero necesito decirle algo que siento: ¡usted me cayó muy bien! Venga, apropínquese.
La princesa abre un baúl de pantuflas tuflas de distintas formas, colores y sabores (esto último, no lo sabe el invitado) -Escoja, ¿cuál quiere?
- Oh, muchas gracias, me gusta aquel par de colores ligeros.
- Buena elección. Estas pantuflas pertenecieron a un Fauno, los faunos son muy amigos de este reino. No lo entretengo más, su habitación está en la torre Este, es un excelente lugar donde puede, incluso, trabajar. Si necesita algo, la mía está en la torre Oeste.
- Ah - dice la princesa volviéndose antes de irse por completo -, y si quiere hablar retro-mente, tenemos un sistema muy sofisticando de comunicación. Teléfono-de-vasito.
Ambos sonríen.
- ¡Qué sofisticado! - hace notar él - Pues, además, el mensaje se entrega tan claro como se tensen los hilos.
- Sí... pero tenemos un inconveniente, lo cierto es que aún no se me ha ocurrido qué hacer para saber que la otra persona quiere hablar conmigo o yo con ella. Espero que usted pueda solucionarlo - dice esto último con mirada preocupada.
- Hum. Podemos pensar en algo.
- ¿Usted se refiere a "pensar" que queremos hablarnos y así nos acercamos al teléfono? - pregunta ella con luminiscente mirada.
El alquimista saca algo sonoro de entre sus ropas. - Estas campanas de metal pueden anudarse al interior de los vasos, así sólo bastaría con agitar de un lado.
- Señor Escarcha-Brillante, usted me ha sorprendido, y ha puesto en evidencia que soy una gente como todas. - mira el suelo y luego levanta la vista - No esperaba ser más que eso, la verdad. Pero estoy feliz por la solución que me ha entregado.
- Usted se sorprendería de sí misma si supiera quien es en verdad.
- Yo... soy un par de pies dentro de las pantuflas señor... ¡orgullosa de serlo!
- Muy bien - dice Von Hoffman, sonriendo. - Dígame, ¿puede, usted, guardar un secreto?
- Secretos... claro - y trae hacia sí una bolsa de brillante verde - mire esta bolsa, aquí tengo muchos, y están bien guardados.
- Ah, pero este necesita un lugar especial. No es cualquier palabra.
- Espere, espere. - sale del salón y vuelve, tras un momento, con una bolsa verde-verde brillante, vacía - ¿está bien con esta?
- Sí.
- Dígame - dice ella abriendo la bolsa -, ¿cuál es el secreto?
- He dicho antes que bastaría con agitar el vaso, teniendo anudadas las campanas de metal, pues bien, todavía se puede mejorar el sistema; y he aquí el secreto: estos artículos metálicos fueron creados por antiguas y diestras manos, su peculiar forma es capaz de percibir el aire a su alrededor y moverse según ello. Pero no se agitan con cualquier aire, no. - la mira en silencio unos segundos -. Usted es una princesa, y eso habla de sus maneras no frecuentes, a mí me bastaría tan sólo con pensar en vuestra persona para comenzar a respirar de una manera distinta, y el aire a través de las campanas sería justo el necesario para provocar el movimiento.
- ¿Me sucederá lo mismo?
- El funcionamiento es muy similar. Con uno y otro ajuste funcionará bien.
- Señor Ingenioso-amarillo, usted me ha sorprendido. Y no crea que digo eso a cada persona que viene a Pantuflilandia. Tengo ganas de ir a mi habitación y probar el nuevo sistema. - Se para frente a él - A ver... míreme, míreme a los ojos.
Ambos se miran por espacio de segundos, en los que la profundidad de sus ojos parecen comunicarse por cuenta propia. La princesa intenta concentrarse para memorizarlos.
- Mmmmh. ¡Ya! - exclama primorosamente - Listo. - Corre en dirección oeste del castillo - Adiosín chao. - se le escapa una pantufla en su torpe-apresurado andar y vuelve por ella. Se despide nuevamente - Adiosín chao, otra vez.
El alquimista sonríe y deposita algunas de sus cosas en el suelo antes de ir en dirección este. - Curiosa actitud - dice para sí -, creo que me quedaré un buen tiempo por acá - y camina sonriente hacia el este del castillo.
Etiquetas: La Princesa y El Alquimista
Vuelos de media noche
Luna, antorcha de mis sueños,
que en tu pálido mirar
me abrigaste, esperanzas.
sábado, septiembre 30, 2006
Manifiesto Saturniano
Día de cosechas, de cosas hechas...
Como ir en un sentido queriendo ir en otro, a sabiendas que eso es pensar en una dirección y actuar en otra contraria... MANIFIESTO SATURNIANO.
[sembré contradicciones]
Que todo sea poesía,
todo es todo, incluso nada.
Que cada poema sea un canto nuevo
y que el orden no lo dé
ni el tiempo
ni el espacio
ni los astros perdidos
- sólo aquellos fugaces.
Dé de dar
y de descubrir
que no es ir hacia allá
es ir hacia aquí.
Que el poema sea ahora
y florezca en un verso enmarañado,
verde-verde como la flama encendida,
como contradicciones convergentes.
Que el ahora sea poema
y en un verso enmarañado, florezca.
como la flama encendida verde-verde
como las contradicciones emergentes.
De lugares que no existen
en este, pero si en Otro.
Las posibilidades son infinitas, ¿sabes?
y, sin embargo, estamos aquí
En medio de contradicciones terrestres
que emergen y convergen
de norestes arenosos.
En un anillo saturniano
corrimos hacia el "Otro" lado,
y salimos tras un suspiro
// y una posterior sonrisa
al uni-verso disparados.
Los faroles del pueblo encendidos; en aquellas noches era un caminar de pasos vacíos, de ideas intransigentes, de versos y esferas de orgullo propio. La densa niebla trajo consigo una silueta bajo el mirar de los ojos poblados del infinito mar de posibilidades. Entonces, cuando hubo cuandos y porqués, se oyeron melódicas sentencias.
Coppelius
Bebe un trago, deja que el mago te enseñe a soñar.
[...comentarios post Ballet...]
Un año más traído de la mano por un regreso a la infancia, los juegos, las risas, globos incluídos; son cosas mágicas como estas - que no ocurren a menudo - nos dicen que, a veces, el noreste queda hacia el otro lado. Autre lieu. Un año más, y un hermoso regreso a la infancia. Por eso, ¡muy feliz cumpleaños, Eric Contreras!
sábado, septiembre 23, 2006
ELEMENTA
Los papeles en blanco me delataron, tal y como los silencios hicieran aquella noche. Así como, incluso, la pálida luna quedó enrojecida en terrible batalla, tus mejillas quedaron encendidas. Miles de pies recorrieron el campo de batalla con desasosiego, en un andar de estertores. Así mi andar en la ciudad, así mi solitario camino entre aquellos que miran pero no ven. Los jinetes atravesaron largo camino para encontrarte tendida entre sus muertos, y los hombres de todas las edades decidieron ocultarse entre interpretaciones. Busqué melodías transparentes y hallé contradicciones. Sin buscar, hallé respuestas traídas a la mano por un viejo relojero. Tu rostro, facción de ensueño, mirada enumerada, precisó palabras cruciales para no transformarse en símbolo interrogativo. Entonces las manos, entonces el frío mármol que se apresuró a mi brazo y descifró mi nombre. Un cielo claro y un atar de consecuencias marcaron el compás de un quinto movimiento de esta sentencia musical. Amanece a la vista. Pianissimo. Armónica melodía. Nota fulgurante.
Don't Panic

Sábado 23, 0:05 sólo pronosticamos primavera.
Aquello más que "enamoramiento" provocó la confusión de mis sentimientos, el reflote de mis temores, la rápida huída de la paz que reinaba sobre mi corazón anémico de flechas cupidezcas pero rebosante de tranquilidades y libertades .
Ahora he de procurar ser "agradable, linda, graciosa y risueña" de ser una Venusina cualquiera.
Los hombres son de Marte, las mujeres de Venus...Melu y Lex de Saturno.
sábado, septiembre 16, 2006
Saturno
Dies saturni.
Sólo por hoy
llévame de este lugar,
hacia un confín
- al otro lado -
cerrado sobre sí mismo.
Sólo por hoy
llévame a volar,
bajo el sello conspicuo
de Saturno.
Sólo por hoy.
Aquella voz, sin ser una voz, olvidó recitar letanías
Cuentos de-a-dos
Hasta el momento hemos escrito, como co-autores que somos, dos cuentos completos. Utilizamos técnicas secretas, quizás heredadas de algún misterioso manuscrito, o bien surgidas de nuestra imaginación. Los dos cuentos que aparecen a continuación son, efectivamente, de nuestra doble creación, originalmente inéditos. By Lex & Melu.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Cuento
(sin titular)
Lo siento, perdí mis zapatos - dijo sonrojada. Un hombre mayor le tendió una mano. Ella se aferró firme.
Uno que otro pasajero rió, los demás se desentendieron - como suelen hacerlo en esta clase de situaciones -. El vidrio reflejó su rostro adormilado, sus mejillas encendidas, su pelo enmarañado. No todos los días pierdes tus zapatos en un vagón del metro.
Los calcetines de colores junto al brillo de sus ojos tristes revelaban la niñéz, absurda en sus más de 20 años, ella aún guardaba sus fantasías a diario en hojas aromatizadas de color rosa.
- Señorita, ¿se le perdió algo más? - le preguntó, amablemente, mientras ella buscaba su cuaderno
- Señorita, ¿le puedo ayudar?
- Sí - respondió franca -; se me ha perdido el corazón, se me han volado las palabras... y los gestos - y al decir esto escondió, tímidamente, su cara mirando al suelo. Se observó descalza.
El caballero aquel, aturdido-sorprendido, intentó mirarla de cerca, observó, y rápidamente logró acercarle el suave pañuelo que encontró entre sus ropas. Agradecida, ella secó sus lágrimas y sonrió. - ¿Cómo pude haberlos perdido? - dijo mirándose, nuevamente.
El carro se detuvo. "Aquí me bajo, señorita"
-Señor, gracias, usted me dió algo que ya había perdido...la esperanza-. Él sonrió amablemente y le ofreció una tarjeta - Llámame si no encuentras lo que perdiste - y se bajó.
Ella dejando de lado la vergüenza, comenzó a caminar buscando algún indicio de sus cosas, volvió sus pasos sobre los anteriores, como queriendo volver con ellos al pasado que guardaba lo que la dejó extraviada. Ella era la perdida, no sus cosas.
Una semana después, un hombre, una pequeña habitación, y un teléfono que suena.
- Ho... Hola, ¿hablo con José Lucero? - dijo la suave voz a través de la línea.
- El mismo. Estaba esperando tu llamado
- ¿Ah, si?
- Sí, ahora mismo lo esperaba.
- En realidad, encontré lo que buscaba; así que no es por eso que llamaba - dijo la joven muchacha, cobrando valor
- ¿Entonces?
- Es usted el que perdió algo
- ¿Yo?
- Sí, usted.
- Oh, dime qué es lo que he perdido
- Su pañuelo - y tras esto rió con una de aquellas risitas que sólo entendemos a través de un teléfono
- jeje, eso si que no lo esperaba.
- La verdad es que lo tengo y con él, algo que no buscaba.
- Si, qué es?
- Usted lo sabe.
- ¿Lo sé?
- Se trata de sus más altas ambiciones... ese día, usted las perdió.
A veces nos cuesta entender.
Una pérdida que lleva a un encuentro, un encuentro perdido entre los muros de la contemplación. A través del laberinto, estos paseos vertiginosos nos conducen por el camino de la comprensión y el descubrimiento de los intrincados secretos en los rincones de cada paso que damos.
~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~
Nube de infancia

En un jardín, repleto de flores de todo tipo. Cercanos, antiguos vagones de trenes abandonados, y una enorme fuente de aguas legaminosas.
- Nube, que te dejas vencer por el viento,
y ya ni el céfiro del oeste viene a socorrerte
desta tormenta que se avisa con tempestades,
primero en ojos de nuestro encuentro,
luego en imágenes en el cielo;
y ahora, que me quitas el fulgor de verte postrada como un flor
- o como un cometa adormecido -.
Y te vas, en un deshacer que le es natural a tu corta vida de paloma en el aire,
a tu brevísimo tiempo de gaviota,
a tu volar sensato... -
Así repetía, una y otra vez, sus versos el joven poeta, a la sombra de un pimiento; y para él, no había más que la brisa del atardecer y el cuaderno de notas en su regazo.
Las hojas verdes se mecían junto a la melodía que silbaba el viento, el sol entre ellas le producían un hipnótico sentimiento de paz, cerró los ojos para que se posase delicadamente sobre su nariz aquél aroma a violetas que le rodeaban, junto a su felicidad.
Sintió sobre él una sombra, abrió lentamente sus ojos para ver una delgada silueta que miraba a la nada, dándole la espalda. Era una mujer hermosa, la luz del sol que ya atardecía se translucía a través de su blanco vestido y sobre su cabeza, un sombrero que le daba el aspecto de una viajera sin rumbo, una que olvidó sus maletas en algún pasado.
Apoyó su mano derecha en el suelo y se torció para verla mejor; y al hacerlo descubrió, no muy lejos de allí, y en medio de un inmenso campo floral, un vagón de tren. - Seguramente - se dijo -, hogar de ratas y sueños perdidos.
La mujer volteó, entonces. Sonrió. Pero parecía sonreír para sí, aún cuando le causó gracia el esfuerzo que hizo él al ponerse de pie.
- Gustav - dijo, extendiéndole su delgada mano derecha, donde exhibía dos anillos, signo inequívoco de su procedencia burguesa.
- Cecil - le respondió ella, sin acercársele ni aceptar el saludo.
Miró inquisidoramente su mano, reconociendo en uno de sus anillos el escudo que los viejos trenes llevaban, lo miró directo a los ojos, en ese mismo instante, y sin previo aviso, el color de los suyos se perdió tras las lágrimas que, para su fortuna, logró contener. Volteó nuevamente para perderse en un recuerdo.
A lo lejos se escuchó el ladrido un perro, Gustav buscó entre su camisa y sacó el silbato que colgaba de su cuello, era de aquellos silbatos que usan los maquinistas para avisar que el tren ya parte. Lo puso en su boca haciéndolo sonar, los ladridos se acercaban cada vez más.
- ¿Hace cuánto estás aquí? - preguntó Cecil, de pronto.
- Algún tiempo - respondió él, agachándose para acariciar al bello labrador.
- Dime... ¿cuánto tiempo? ¿horas? ¿días? ¿semanas? ¿acaso años?
Gustav se levantó contrariado, ella volteó y se encontraron cercanos. La miró, como si buscase algo en su rostro.
- ¡Nunca te lo preguntas! ¿no es cierto? ¡No te importa el paso del tiempo, es eso! - exclamó y rompió el lágrimas, él la sujetó de los hombros y la sostuvo suavemente.
El abrazo no se dejó esperar, ni tampoco el cálido beso.
Él comprendía - poco a poco - que, así el jardín, como el vagón y el labrador, eran trozos de una historia que le pertenecía. Ella se safó suavemente, e inmediatamente Gustav recordó aquella dulce mirada llena de determinación, la misma de aquél anciano conductor de locomotora que lo llevaba a pasear las tardes de verano desde el pequeño pueblo hacia la gran ciudad y al menos una vez al mes, se detenían en este lugar para recoger a su hija. Se conocieron a muy temprana edad, y muy temprano, también, descubrieron el amor y los sueños.
Con frecuencia, la arbitraria complicidad del tiempo y el azar nos sorprenden. En ocasiones, nos otorgan una segunda oportunidad. E incluso cuando se olvida es posible volver a la tierna infancia, a la edad en que el viento corre en la cara, y las manos juegan a ser manos, los ojos se cierran hasta quedar atrapados en otro ojo que no es ninguno, los paseos se hacen eternos y las nubes... sólo danzan en el cielo.
Cadavre exquis I
Había una vez un hombre pequeño sentado en una silla de mimbre. Un granito de arena llamado Trigo que soñaba danzar de un lado a otro junto al viento sin salir volando. - Te llamo a tí, a la guerra, al campo de batalla, el amplio campo de la gloria o la derrota-. Una flor llamada abeja que soñaba salir de su pedazo de tierra sin ir agonizando. Se perdió la coherencia en cada palpitar de los abismos y el baile cronotópico de los flamencos en la puerta y un día en el vuelo el granito trigo se posó sobre la flor que danzaba triste junto al viento adosado a una escrupolosa pared de extensiones de todo aquello que era. Luego de escucharla, el granito trigo le dijo 'Mejor morir en el intento', que fue un cantar de gesta, o una espada blandiendo el aire, o quizás pero los granitos trigos no saben de muertes, son eternos.
Suscribirse a Entradas [Atom]
